Hasta ahora
(inspirado en el poema de Miguel Barnet con el mismo nombre)
Esa noche él había colmado mis nervios y rebalsado el vaso de mi paciencia que hacía mucho tiempo venía llenando. Gota a gota. Yo le dejaba pasar su actitud, sus palabras, sus acciones por miedo a una reacción peor. Dejé que tuviera pleno control sobre mí.
Desde pequeño fui sumiso, obedecí sin chistar sus órdenes y soporté sin una queja sus castigos y sus palabras hirientes.
Pero ya no era ese chico débil. Con el tiempo me había convertido en un hombre fuerte mientras que él se debilitaba. Hoy cuando él me levantó la mano exigiendo explicaciones debido a información que le había llegado, exploté.
Desvié su golpe y lo noqueé de un puñetazo. Agarré los papeles donde se encontraban las pruebas de mi supuesta traición, los destruí y se los metí en la boca. En ese momento empezaba a recobrar la conciencia e intentaba escupir los papeles.
Yo veía rojo y simplemente actuaba por impulso.
Tomé el whisky que él había estado bebiendo hasta entonces y se lo metí en la boca junto con los papeles. Le tapé la boca con ambas manos hasta que finalmente dejó de luchar. Y de respirar.
En ese momento esperé que la culpa o el remordimiento llegaran, pero eso nunca ocurrió.
Sentía mi cuerpo más liviano, mi mente más tranquila. Al mirar como mi tío, la razón de mis tormentos, se hundía en las espesas aguas del río lo único que pude sentir fue alivio.